Nuestro mundo después del COVID-19

A la pérdida de vidas humanas, hay que unir la recesión económica

A estas alturas, nadie pone en duda que la pandemia mundial, es el hecho más devastador que hemos sufrido en décadas. A pesar de ser una experiencia traumática e inédita, no es dificil vaticinar que a la crisis sanitaria y económica le sucederá otra política de consecuencias imprevisibles, de las que no se libraran ni los países con menos recursos.

De este contexto, extraemos la tesis de que nada volverá a ser igual después de esta vivencia global. En primer lugar y hasta la consecución de una vacuna viviremos una realidad distópica, que se caracteriza por el distanciamiento social y los cubrebocas, el confinamiento de los mayores, el cierre de fronteras, el uso de apps para geo-localizarnos y combatir los rebrotes, el teletrabajo, y las tremendas consecuencias de una recesión que su magnitud aun no la imaginamos.

Posiblemente algunas de las tendencias que ya estaban en curso se refuercen, plasmando l√≠mites y riesgos de la globalizaci√≥n, el descr√©dito de las pol√≠ticas neoliberales, el aumento de la desigualdad o el ensimismamiento de EEUU, que est√° renunciando a ejercer el liderazgo mundial. Otro dato fundamental es como vamos a salir de la crisis con la deuda p√ļblica en niveles nunca conocidos. Sin embargo, estos cambios, unidos, no dar√°n lugar por s√≠ solos a una transformaci√≥n en las relaciones internacionales ni en los equilibrios sociales y pol√≠ticos en todos los pa√≠ses.

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Los cambios serán para incrementar o acelerar las tendencias ya existentes con el aumento de la desigualdad, los problemas de cooperación multilateral, las dificultades de la Unión Europea o el profundo impacto que la digitalización ya está modificando el mercado de trabajo.

Los cambios que podr√°n suponer un punto de inflexi√≥n y la aparici√≥n de un nuevo orden es lo m√°s dif√≠cil de aventurar. A d√≠a de hoy que continuamos en la niebla de la incertidumbre, estamos a√ļn digiriendo esta nueva “normalidad”.