Las secuelas del confinamiento

Tras el tiempo de confinamiento se puede desarrollar un trastorno de la ansiedad generalizada

El COVID-19, nos obligó a permanecer en casa, sin salir hasta que bajaran los índices de contagio. Ya hemos conseguido que baje y podemos salir a la calle, pero hay personas que no quieren salir de casa, unas por cautela y otras por angustia que les genera volver a pisarla, cruzarse con otras personas, tocar pomos, barandillas y botones. Es miedo y una secuela que nos deja el confinamiento para superar la pandemia del coronavirus.

Este miedo a salir de casa, no cumple los patrones de una agorafobia, pero si que produce un temor que antes no se sufría. Este temor se acrecenta si ha fallecido alguien conocido o cercano, y en el caso de los niños, piensan que el virus es un monstruo que está en la calle.

Unido al temor se añade el ingrediente de la incertidumbre de una pandemia en la que han primado la confusión por la desinformación y el desconocimiento del COVID-19. Ha existido una especie de paranoia, si leíamos una noticia podía ser un bulo; si usamos mascarilla, igual no nos protege…Nuestra generación ha sido muy protegida, no se ha vivido nada parecido, y debemos acostumbrarnos a cierto descontrol y es mejor asumirlo.

Las personas que han salido peor paradas desde el punto de vista psicológico son los que padecen agorafobia y los hipocóndríacos, a los que posiblemente se les haya empeorado su enfermedad, con la situación. En cuanto a este temor a salir es normal y esperable, según apuntan los psicólogos el mismo remita de forma gradual al ritmo de normalización de la situación referente a cifras de contagiados y fallecidos.

Puede haber casos que se cronifiquen, pero en la mayoría durará, unas semanas o meses, como mucho, con lo cual será necesario realizar la desescalada sin precipitación y con salidas cortas que se vayan alargando poco a poco

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