Conciliación y Productividad en Tiempo de Pandemia

La conciliación entre la vida familiar y profesional un reto a la productividad

En este tiempo tan inusual que vivimos, debido a la propagación del coronavirus, las empresas que tienen actividades compatibles con el teletrabajo, han optado por el desafío que supone, romper los esquemas de trabajo tipo y pasar en tiempo récord a otro modelo de productividad, que los defensores de esta modalidad de trabajo produce una motivación adicional en el trabajador, lo cual redunda en mayor productividad.

Si recurrimos a las estadísticas, observamos que según el Instituto Nacional de Estadística, los teletrabajadores aumentan su productividad entre un 5 y un 25% de rendimiento mayor que los trabajadores presenciales en el puesto de trabajo físico. El principal argumento que se aduce en su defensa es la mejora de la conciliación entre la vida familiar y la profesional.

En la situación excepcional que vivimos, en la que el teletrabajo debe convivir con realidades como puede ser el cuidado de los hijos, por el cierre de los centros educativos, esta conciliación se ha convertido en una ardua tarea y se nos plantea como podemos evitarlo.

La edad de nuestros hijos marca el grado de dificultad de la conciliación y, sobre todo, la tolerancia al estrés del confinamiento. Una forma de aliviar este estrés es conseguir hacer partícipes de la situación a todos los miembros de la unidad familiar. La primera recomendación es organizar un cuadrante de las horas del día, distribuyendo las tareas a realizar en familia.

En esta lista un punto importante debe ser la formación a distancia y la actividad física, también debe tener su tiempo la creatividad y la imaginación con tareas como el dibujo, la lectura y la gastronomía. Respecto al consumo de televisión, debemos fomentar el uso responsable, ya que el Gabinete de la Comunicación Audiovisual, ha detectado un aumento casi del 100% en el consumo de televisión de niños de edades comprendidas entre 4 y 12 años desde el cierre de los centros educativos. También hace una llamada de alerta sobre los contenidos consumidos  que no se adaptan al perfil del espectador; la mayor parte son de programas no recomendados para menores de 12 años, y lo más grave algunos considerados como “telebasura”.